Primera salida del año.

Y un frío para morirse.

Resulta que por fin se van marchando los temporales que han azotado el Cantábrico desde finales del pasado año y que va mi señora y me deja ir a pescar. Llamadita a mi amigo, lanchero y compañero de pesca Mario (uno de los dos o tres tipos más alegres del mundo) y, hala, a madrugar el domingo con el cambio de hora.

Oye, y vaya que sí se nota eso del cambio de hora. Que parece que te hayan hecho trabajar y todo. Y encima el “peque” toda la noche pidiendo agua. Claro, se zampó el solito media pizza... Y yo, como un mayordomo noctámbulo vaso en mano.

Pero la ilusión puede con todo. Ya me veía yo con un cinturón de sargos cual falda de faralay. Si es que el día anterior me había visionado por enésima vez todos los vídeos del Dapiran.

Y allá aparece Mario a las 08:45 aseadito como un sanluis y pitillo en mano. Me da los buenos días, que para eso (y todo) es muy cumplido y me echa una mano en el trasiego de material. “Que si está todo, que si me falta la licencia, la toalla y el jabón, que si vaya cabecita que tienes, que si, oye, que tampoco es tan tarde y que le voy a comprar un croissant a la parienta, que vale pero que déjame que aparque el coche mejor que te acompaño, que sí que hagas lo que tesalgalosgüevos”.

Y allá nos encaminamos por fin para Luanco. Poco viento, mañana hermosa con los rayitos de sol abriéndose camino entre las nubes y la mar casi quieta como un pozo.

De rigor. Nada más bajarnos del coche, miradita al par y planificación de la salida. “Nos tiramos por aquí, que está cómodo”. “Parece que tiene un golpín”. “Qué pocas ganas tengo, chico”. “Ánimo, paisanu, que hoy cargamos”, etc..

Con Mario uno no se aburre, eso es verdad. Simpático como él solo, además de un gran amigo es un excelente compañero de pesca. Y, como yo, no le pega a una vaca a medio metro, pero no lo cambio ni por el campeón de España. Y, mira, si me apuras, tampoco por el tercero del mundo.

Por ende, al contrario que yo, y como nuestro común amigo Diego, baja por el desfiladero de p.m. cargado de material y tieso como si llevase una escoba atada a la espalda. Mientras que yo, pobre de mi, la mayoría de las veces tengo que pegar el culo al suelo.

Elegido el punto de entrada, nos ponemos las aletas, gafas y tubo, enganchamos la boya y... al agua!.

JOOOOODERRRR!!!, HELADA!!!.

Miro el profundímetro y marca 12 grados. Con razón me duele la cara.

Si es que era de prever, hombre, que el agua de lluvia y deshielo enfría mucho el litoral en estas fechas. Pero es que estamos como burros.

Pegamos alguna picada para quitar la espumita y constatamos que no solo está fría. También está sucia. En mi cabeza el cinturón de sargos se me está quedando en minifalda.

Cruzamos la ensenada y al llegar al otro lado vemos que el agua está un poco más clara y que hay alguna “colita” que otra. En una de las bajadas, me topo de cara con un pizcuervo (sargo breado) de aproximadamente un kilito, que no de concede tiro y se escabulle lentamente entre las piedras. Subo y aviso a Mario para que esté atento, pero el frío le ha acortado las apneas al pobre y le cuesta encadenarlas.

En mi caso la cosa no va mucho mejor. Estoy sobre-lastrado, el traje está viejecito y casi no aísla, y me cuesta un triunfo enganchar una apnea más allá de 40 segundos. Pero la ilusión puede con todo... menos con el frío.

Me arrimo a la orilla sin mucha convicción. Casi más buscando algo de agua más caliente que pescado y veo alguna colita moverse. Me dejo caer ocultando mi perfil con un bajo y apunto con mi fusil hacia la grieta. Un sargo, dos, tres,... van desfilando por delante de mi punto de mira. Son pequeños y no disparo. Espero y al final de la hilera salen dos medianos. Disparo y cojo uno de ellos. Buen presagio. Siempre me gusta empezar con un acierto en el tiro. Me da confianza y más ahora que hace meses que no “tocaba pelo”.

Me acerco a Mario que ha cogido un pinto mediano. Me dice que está muerto de frío y decidimos dar la vuelta. Nos separamos de la orilla para buscar algo de pescado a más agua y retornamos haciendo caídas de prospección. Nada. Y para ayudar, corriente contraria a nuestro avance. A Mario le está costando avanzar, pero tiene casta como un Vitorino. La suficiente como para llegar primero que yo, que me he entretenido haciendo alguna esperita infructuosa.

Me pongo a su altura y me comenta que ha visto algún sargo, pero que corren como galgos. El frío ya nos está haciendo mella y salimos del agua como tiros.

Al final, la falda de sargos que imaginaba se me ha quedado en un taparrabos que, si no fuera por el frío, no me llegaría ni para cubrir las vergüenzas.

Nos secamos aprovechando un rayo rebelde de sol y con las mismas nos vamos a tomar un par de cañas y a ver el final de la carrera de MotoGP.

A grandes males...

29/03/2007 14:21.

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gravatar.comAutor: Fe

Valgame Dios, que par de masocas; me entretuve con el relato, esperando llegar al final, para imaginar la colección de capturas, y... un triste "tapa-poco", bueno, vale como comienzo, que el tiempo mejorará y te hartarás de peces.Suerte para la próxima salida; de momento mas besos que pescas.

Fecha: 30/03/2007 01:26.


gravatar.comAutor: Jerónimo

No, más bien un "tapa-nada", que con el frío parecía un bígaro. Eso sí, ya mejora el tiempo para semana santa. Un besote, tía.

Fecha: 30/03/2007 13:11.


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